"Akaso": Instantaneidad y conexión

Proceso / Cultura - Blanca González Rosas
03-07-2011

Concebido originalmente como un evento pictórico, Akaso es un proyecto que rebasa a la pintura. Integrado por diferentes horizontes creativos que inciden en la imagen, Akaso confronta y conecta diferencias sustanciales sobre el acto y el significado de ver.

Integrada por 26 óleos monumentales del mismo número de autores (Proceso 1807), 16 documentales de estéticas cinematográficas que registran los procesos pictóricos (Proceso 1806), y una serie de 21 videos y animaciones que interpretan libremente las telas, la propuesta patrocinada por el coleccionista mexicano Sergio Autrey se impone como un acto atrevido que altera el orden de la visualidad artística contemporánea, tanto de la pictórica como de la tecnológica.

En el territorio de la pintura, Akaso confronta la permanencia y memoria que ha sustentado durante siglos el valor del género. Como bien señala el teórico español José Luis Brea en su libro Las tres eras de la imagen. Imagen-materia, film, e-image (Editorial Akal, 2010), la pintura, al adquirir existencia en fusión con su soporte y tener, por lo mismo, una identidad de objeto, da la sensación de materializar el espíritu del artista convirtiéndose en memoria autoral y colectiva. En el conjunto que se presenta en el Museo del Chopo de la Ciudad de México, la espectacularidad de los formatos anula el pasado consignando únicamente la instantaneidad del tiempo presente. Como resultado, aún cuando los pintores que participan sobresalen por la madurez de su trayectoria, en la muestra se convierten en presencias que existen sin el aval de la memoria. Por eso, las piezas son tan contundentemente buenas o malas, interesantes o mediocres. Carentes de otras piezas que recuerden los andamios de su prestigio, los pintores exponen abiertamente su actual actitud artística: compromiso, indiferencia, entusiasmo, apatía, prisa, burocracia, reflexión.

Exentos en su mayoría de una propuesta arriesgada y sorpresiva, los creadores de Akaso confirman que la pintura no es cuestión sólo de aplicar sino de pensar. ¿Cómo conciben la identidad del género en una “era” saturada de imágenes tecnológicas? ¿Qué significa pintar en un escenario invadido por tridimensiones neoconceptuales? ¿En qué debe radicar la magia de una pintura?

Indiscreto en lo que se refiere al escenario pictórico de México, el proyecto evidencia las contradicciones que existen entre la creación profesional y la condición femenina. Numerosas como clientes de talleres dirigidos por firmas tan prestigiadas como desconocidas, las mujeres sobresalen por su ausencia en la escena mexicana de legitimación institucional. Con sólo cinco representantes que constituyen el 19.23% de la selección, las pintoras no tienen, lamentablemente, una presencia protagónica. Desilusionante en Irma Palacios y muy débil en Ilse Gradwohl y Yolanda Mora, la participación femenina adquiere presencia a través del enorme escorzo de Manuela Generalli y los protagonismos de formas abstractas y gráficas de Magali Lara. Emparentada esta última con las poéticas visuales –no con las matéricas– de la extraordinaria suiza Pia Fries, su obra sobresale por la evidencia de una comprometida reflexión y experimentación que fusiona color, proceso, composición, registro y metáfora.

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