La Krítika de Akaso

Milenio / Magali Tercero 2011-07-02 Artes plásticas
02-07-2011

En México la impunidad empieza por los museos, y continúa con la crítica. En cuatro notas recientes, dos de Teresa del Conde y dos de Blanca González R., no existe un argumento sustancial sobre las 26 obras pictóricas que integran el Proyecto Akaso, actualmente exhibido en el Museo Universitario del Chopo (MUCH). La conclusión de González deriva, inapropiadamente, en insulto: “Akaso evidencia una debilidad de pensamiento pictórico que debemos solucionar”. ¿Qué debemos? ¿Quiénes? Si los artistas ignoraron que lo grande no es sinónimo de grandioso, como asegura, obviamente ella soslaya lo extraordinario de Akaso. ¿Y por qué extraordinario? En México es raro que un coleccionista patrocine a pintores de reconocida trayectoria, mientras en otros países los coleccionistas lo hacen con frecuencia. ¿Qué es lo que despierta una animadversión tan irracional, tanto en Del Conde como en González ante Akaso? ¿Por qué ese afán de ningunear un proyecto bueno y generoso tanto por parte del coleccionista Sergio Autrey como de los artistas? Lo único que se evidencia, y es una pena que ellas no se den cuenta a lo largo de sus notas, es la debilidad de pensamiento crítico que deben solucionar.

El “artista señero de buen ojo” que visitó la exposición junto con la doctora Del Conde… ¿cómo osa referirse a la pieza de Miguel Ángel Alamilla como respetable? Respetables las señoras y los ancianos, ¿no? El arte, en general, te gusta o no te gusta. Aquí cabe preguntarle al pintor señero de qué lado está: ¿con la crítica o con los artistas? Y, sobre todo, ¿por qué no da la cara? Con lo que manifiesta deja entrever a un artista cercano en edad a las dos generaciones representadas en Akaso. Su calificativo de “lamentable” para la exposición revela el resentimiento del excluido.

González habla de “una indiscreta exposición del estado actual de los lenguajes de cada participante”. ¿Indiscreta? ¿Qué exponer no es ya muy indiscreto? ¿Qué pasó con el uso del lenguaje? Otra perla: “…astutamente resuelto en Magali Lara”. Y cuenten cuántas veces dice “inapropiado”: “Inapropiado para un formato tan grande en Boris Viskin”. ¿Realmente González cree saber más que Viskin sobre lo qué es apropiado o inapropiado en pintura? Y again: “inapropiadamente gestual y dibujístico en Mauricio Sandoval”. Por favor, el arte es el único territorio que no está militarizado. Artistas como ellos, con 30 años en la práctica diaria del gran formato, algo sabrán de su oficio. Yo creo que con esa propiedad que exige debería haber analizado la exposición de Akaso y valorar la independencia del proyecto. Y otra, está sí increíble: “absurdamente grande en [Manuela] Generali”. Ahora lean dos veces esta frase: “Indiferentes ante la importancia de confrontar el sentido e identidad de la monumentalidad artística y pictórica [sic], los participantes ignoraron que lo grande no es sinónimo de grandioso”. El hilo negro.

¿Por qué la doctora quiere aplicar el término curador cuando Sergio Autrey dijo que él no quería intervención curatorial alguna? La curaduría se ha vuelto un negocio muy rentable en el mercado del arte, pero Autrey fue más allá: invocó el hecho artístico en sí. Y eso hace que la lectura de Akaso, y la forma de abordarlo, no tenga qué ver con conceptos curatoriales de moda, ni parámetros tan ajustados en el medio artístico mexicano, acerca de lo que es pintura y lo que no es pintura. Akaso tiene su valor porque justamente rompió ese molde, ese corsé, ese cinturón de castidad que, desde los cincuenta y sesenta, se ha querido imponer a la pintura en México. Y de eso se trata. En este sentido el proyecto, quiéranlo o no, es. Y queda fijado en nuestro panorama artístico como un punto de referencia para el futuro. Akaso es una gran aportación en ese sentido.

Y qué curioso que en una nota crítica se niegue al Proyecto Akaso el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MuAC), el único museo en la Ciudad de México con las dimensiones adecuadas para exhibirlo como debe ser. No porque su presunta vocación sea el arte conceptual, un museo universitario puede negarse a hospedar una muestra de una disciplina supuestamente muerta que, por las reacciones que está desatando, vemos que está más viva que nunca. ¿A qué obedece que Del Conde, con tal de negar el MuAC al proyecto, aduzca que el lugar ideal para él es el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA)?

En el plano psicológico, sería interesante saber cuál fue el móvil de semejante reacción. La respuesta parece obvia: a una acción que mira hacia el futuro, corresponde una reacción que anhela el pasado.

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Magali Tercero • http://magalitercero.arteven.com